Desde que soy pequeña, mis padres han puesto un Belén todas las Navidades. El punto de partida era justo después del Puente de la Inmaculada y para montarlo mi madre siempre me pedía ayuda. A día de hoy es igual, y la diversión que suponía ayudar cuando era pequeña (ir a buscar piedras al parque al lado de casa, hacer excursiones a la montaña a recoger musgo, buscar ideas en belenes conocidos…) dio paso a un sentimiento de responsabilidad influido por lo que estas fechas significan.

No es que ya no me resulte divertido poner el Belén. Es cierto que algunos años da pereza y, según cómo sea tu casa, puede resultar hasta un problema, pero en general, además de ser preludio de fiestas y alegría, el Belén tenía un significado simbólico de que en aquella casa había una familia cristiana viviendo y, sobre todo, que vivía la Navidad.

Por supuesto, no son los signos exteriores lo importante, pero hasta San Juan Pablo II decía que las celebraciones había que festejarlas. Igual que hacemos ayuno en Semana Santa, e insistimos en hacer un picoteo o una comida cuando alguien hace la Confirmación, en Navidad es bueno alegrar el hogar con espumillón y un Belén o, en su defecto, un Nacimiento.

En casa de mis padres también había pequeños nacimientos en el hall o en las habitaciones. Mi hermana y yo, incluso, teníamos un pequeño Belén de plástico en nuestra habitación compartida. Era nuestro pequeño reducto, nuestra fortaleza, y nos hacía sentir especiales el tener nuestro propio Belén.

Sin embargo, y volviendo al tema del Nacimiento, siempre habrá el que te diga que no tiene dinero para comprar figuras (que es cierto, suelen ser poco económicas) pero yo recuerdo el sistema de mis padres (y a día de hoy lo adapté para mi propio Belén) por el que compraban las figuras de una en una. Escogieron una colección y cada año se permitían comprar una figura; incluso yo, hace unos años, les ayudé a agrandarla con una figura de una lavandera.

Y es que es importante poner un Belén. Nos recuerda la historia que tan bien nos cuenta San Lucas en su Evangelio. Quizás no hay espacio para poner el palacio de Herodes, o quizás incluir la Anunciación a la Virgen es excesivo; pero un espacio para ese portal de Belén con la Sagrada Familia, unos cuantos aldeanos y la Anunciación a los Pastores, es algo que todos podemos hacer, y así ayudarnos a revivir esa noche mágica.

* Imagen sacada del Belén de la Parroquia de Nuestra Señora de Zarzaquemada, año 2016
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