lo-que-debe-hacerse-portadaA veces no me apetece ir al gimnasio. A veces no me apetece hacer la compra. A veces no me apetece ir a ver a mi abuela.

Son tres cosas diferentes, con una periodicidad diferente, pero con un factor en común. Las tres las considero obligaciones. Me gustaría que fueran placeres (o compromisos) pero son deberes.

A la mayoría de la gente parece que le cuesta menos ir a trabajar que comprar los regalos de Navidad,  arreglar esa lámpara que nuestra pareja nos pidió hace semanas que arreglásemos, o acordarnos de felicitar a nuestro sobrino por su cumpleaños. Y eso que se supone que todos sentimos pereza de levantarnos de la cama, aguantar el atasco mañanero y ver las caras largas de nuestro jefe.

Pero aún así nos cuesta menos ir a trabajar, porque lo consideramos nuestro deber (y porque al final de mes tenemos nuestra evidente recompensa por medio de un salario) que de hacer esas pequeñas cosas que mejoran la vida diaria.

A veces cuesta. Somos despistados, establecemos prioridades, creemos que otras cosas no son tan importantes, pensamos que nuestro marido o mujer ya sabe que le queremos o que le deseamos, y se nos olvida luchar en las pequeñas cosas porque…¿quién dudaría de nosotros y de nuestro compromiso y esfuerzo diario siendo que todas las mañanas nos levantamos para trabajar?

Pues es así. A veces nos olvidamos de que nuestro compromiso con nuestro entorno va más allá de cumplir con nuestra obligaciones obvias, y de que por lo que hay que luchar es para llevar a cabo nuestros compromisos, y hacerlo de buen humor hasta que se conviertan en placeres.

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