Cristianos-invierno-verano-PORTADA

No sé si será cosa de la rutina, del ritmo de trabajo durante el año lectivo, de los horarios de colegio y actividades extraescolares de nuestros hijos o de que durante los meses más fríos celebramos la Navidad y la Semana Santa y eso nos hace sentir a Dios más cerca; pero el caso es que, de septiembre a junio parecemos mucho más devotos, y durante el verano, más o menos los meses de julio y agosto, olvidamos a Dios, olvidamos a la parroquia y, por ende, olvidamos seguir anunciando el Evangelio.

Me he encontrado casos tan graves como hermanos nuestros que, durante las vacaciones de verano, directamente no celebraban la misa dominical. Es cierto que, si nos vamos al pueblo, o visitamos un país extranjero, o tenemos casa en la playa, ese Santo Rosario de los jueves, o la exposición al Sagrario de los martes ya no la podamos hacer, pero ser cristiano no significa que podemos serlo cuando queramos, sino que Dios, la Virgen y la manifestación de nuestra fe debe acompañarnos allá donde vayamos.

A mí, que me gusta tanto viajar, me supone muchas veces un problema encontrar una iglesia donde celebrar la misa. He acabado asistiendo a iglesias de confesiones diferentes a la católica (recordemos, el Dios es el mismo) en la seguridad de que hacía lo correcto y que, ante y, sobre todo, no me estaba olvidando de Dios.

Dios no se ha ido de vacaciones.

Como padres, tampoco debemos permitir que nuestros hijos olviden a Jesús durante el verano. Detalles como bendecir la mesa, recitar jaculatorias, rezar al acostarnos, saludar al Señor cuando, durante las vacaciones, pasamos delante de una iglesia y, sobre todo, celebrar la Santa Misa, son prácticas que hacen de nosotros buenos padres cristianos que inculcan buenos valores a nuestros hijos. Y siempre, siempre, recordando que dar ejemplo es nuestra mejor baza.

Cristianos de invierno, cristianos de verano. Qué bonito sería que no sólo durante el 15 de agosto nos acordásemos de la Virgen, sino que esas fiestas del pueblo o del barrio fuesen sólo un añadido más a nuestras rutinas religiosas, dado que no nos hemos olvidado ni de ir a misa, ni de rezar por los menos afortunados que no pueden permitirse unas vacaciones.

Empecemos mes nuevo con un propósito nuevo: seguir siendo mensajeros de Cristo allá donde vayamos, y hacer que los que están a nuestro alrededor tampoco se olviden de Dios. Porque sí, Dios está en todas partes, y también durante el verano.

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